investigaciones paranormales FILMADAS EN VIDEO en lugares encantados de España

El Toledo misterioso

Toledo encierra muchos conventos, iglesias y ermitas, con cientos de personas religiosas dedicadas desde hace siglos al más estricto recogimiento espiritual. Pero a pesar de esto, es curioso cómo esta ciudad ha sido reconocida como uno de las fortalezas de la superstición y la brujería.

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Los propios nombres de las calles toledanas nos indica la intensa actividad mágica de la ciudad: “callejón del diablo”, “de los muertos”, “de la muerte”, “del infierno”… En el caso de la travesía denominada “del Diablo”, es muy posible que este nombre fuese debido a la costumbre de ultrajar a aquellos vecinos acusados por el Santo Oficio.
Los acusados no sólo perecían en pública vergüenza cuando eran quemados en el brasero toledano, sino que además su familia debía sufrir ultraje puesto que sus ropajes (el sambenito en la jerga de la época) eran expuestos durante largo tiempo en la Parroquia del finado. Si se desconocía la procedencia del reo, se colgaban estos ropajes en la ventana de la casa en la que había residido, siendo posible que la denominación de esta calle se debiera a este hecho, ya que estos “sambenitos” en ocasiones llevaban dibujados diablos o llamas.

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Otros lugares hacen también referencia al maligno, como el “mesón del Diablo”, que aparece en el catastro de Ensenada de 1751 y numerosas son las leyendas que relacionan a Satán con los toledanos de siglos pasados. En casas encantadas y profundos sótanos o cuevas, con duendes, brujas y hechiceros, magos y nigromantes.
Son también muchas las leyendas que implican entre sus amoríos la intersección de hechiceras, de pócimas, y son también muy numerosos los procesos inquisitoriales que finalizaron con castigos a mujeres acusadas de hechicerías.

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La aparición de la Inquisición y sus “investigaciones” propició la intensificación de estas artes mágicas. Los inquisidores utilizaron varios manuales para la identificación de estas artes, de entre los que destaca el “Malleus Maleficarum”, libro para adiestrar a los inquisidores sobre los aspectos referidos a la hechicería, la demonología y las artes mágicas.

Todas las posibilidades de hechicería eran utilizadas en Toledo: la adivinación mediante la “suerte de habas” que consistía en recitar una oración en voz alta con dos habas metidas en la boca; los naipes; las pócimas con hierbas; los las pócimas y los untes; los conjuros mágicos…

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Hubo un cierto “dejar hacer” por parte de la Inquisición toledana hacia estas prácticas mágicas. Todas las hechiceras eran conocidas en la ciudad, y sus artes utilizadas por vecinos de cualquier estrato social. Hasta 1530, ya con cuarenta y cinco años de funcionamiento, el Tribunal toledano de la Inquisición no procesa a persona alguna acusada de hechicería, sólo a algunas desafortunadas como Leonor Barganza, de gran fama entre los toledanos por sus conjuros para “desligar”. También Catalina Tapia, que vivía en la Plaza del Marqués, su directa competidora a la que también se le achacaban ciertos sucesos relacionados con la hechicería sucedidos en la ciudad. Catalina es detenida en 1532, y como se niega a declarar es condenada a recibir un centenar de azotes.

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También Mencía Chacón, que vivía en la calle de la Trapería, sabía hacer conjuros para atraer amantes. Curiosa la forma de hacerlo, pues a media noche salía a la puerta de su casa y exclamaba: “Diablos del horno, traérmelo en torno; diablos de la plaza, traérmelo en danza; diablos de la carnicería, traérmelo ayna”.

Pero no sólo mujeres eran acusadas de estas “artes”. También el clérigo Jerónimo de Sonsoles fue acusado de leer libros de hechicerías e invocar a los demonios a altas horas de la noche.

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Fue hacia 1808 cuando queda registrado el último proceso inquisitorial contra una mujer en Toledo. Francisca N., que vivía en la calle de San Lorenzo es acusada de realizar diversos sortilegios amatorios, pero debido a la convulsa situación de este momento histórico (invasión Francesa) el caso queda incompleto, siendo éste el último proceso inquisitorial que por superstición se dio en el Tribunal de Toledo.

Toledo es sin duda una de las ciudades más mágicas y con más misterio de España. Pero si tenemos que elegir el lugar misterioso por excelencia en Toledo es el Alcázar. Quizás su historia rodeada de sangre y tragedia sea el origen de esta leyenda. Una leyenda viva en la ciudad imperial.

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En el siglo III fue un palacio romano. Fue restaurado durante el mandato de Alfonso VI y Alfonso X y modificado en 1535, bajo el mandato de Carlos I de España. El Alcázar de Toledo se convirtió en la residencia temporal de la Monarquía Hispánica después de la reconquista de Toledo contra los musulmanes, pero fue abandonada por Felipe II y en 1850 fue convertida en Academia Militar, bajo el nombre de Colegio de Infantería. Después de un fuego en 1886 partes del Alcázar fueron reforzadas con acero y vigas de hormigón.

Durante la Guerra Civil de 1936-39 fue utilizado por el entonces coronel sublevado José Moscardó como punto defensivo y de resistencia de la Guardia Civil y destruido totalmente por las tropas de la II República durante el asedio que duró 70. Allí Morcardó encierra a más de 1000 personas entre militares, familiares y falangistas. Vivian en condiciones lamentables, con tal sólo un litro de agua al día y un panecillo y bajo unas condiciones higiénicas lamentables, por lo que los heridos y los muertos se contaban por cientos. Aproximadamente 670 civiles (500 mujeres y 50 niños) vivieron en el Alcázar durante el asedio. Muchos de éstos eran familiares de los miembros de la Guardia Civil mientras que otros se habían refugiado allí desde diversas partes de la ciudad para salvar sus vidas de los milicianos anarquistas y socialistas. Las mujeres no participaron en la defensa del Alcázar, por su seguridad no se les permitía ni siquiera cocinar o curar a enfermos y heridos. Sin embargo, su presencia en el Alcázar elevó el valor de los hombres para continuar en la defensa.

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El dolor y el gran sufrimiento que impregnó los muros del Alcázar durante esos días es un estigma que el edificio (hoy totalmente rehabilitado) no se ha podido desprender de él. De hecho fue poco después de la Guerra Civil, comienza a surgir la leyenda de apariciones y ruidos y voces extrañas dentro del Alcázar. Las torturas sufridas por varios presos parecen haber quedado impregnadas en las paredes de este edificio a juzgar por los gritos que aseguran que muchos dicen haber oído. Varias psicofonías e incluso algunas imágenes extrañas conseguidas por algunos grupos de investigadores han alimentado esta leyenda a la que aun muchos buscan explicación científica.

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