investigaciones paranormales FILMADAS EN VIDEO en lugares encantados de España

Monasterio de San Gines de la Jara

En el Cabezo de San Ginés, sobre un volcán extinguido, se alza el Monasterio de San Ginés de la Jara, con su torre mirando al mar Menor.

546726_289710094464670_79909370_n

Asentado sobre las butacas del diablo, como se denominó en la Edad Media a los lugares con energías telúricas –como los volcanes–, el antiguo templo cristiano llama a oración con campanadas mudas. Una luna creciente adorna el cielo nocturno mientras los grillos aúllan. Alguien pasea por las columnas del claustro arrastrando su hábito

598448_289710281131318_1424694235_n

Una anciana enlutada reza… Los orígenes del Monasterio de San Ginés de la Jara como lugar de culto se pierden en la era visigoda, en la que ya tenemos constancia de que existía, en el año 500, un monasterio visigodo, un pueblo de costumbres ancestrales que, pese a su posterior romanización y cristianización arriana, traía consigo el bagaje de su antigua sabiduría. Fue la brújula de su intuición, forjada a través de los siglos por el contacto con la naturaleza, la que les guió e hizo escoger aquel lugar como centro de culto. El monte Miral, hoy conocido como Cabezo de San Ginés, y sus alrededores, forman un mapa de singularidades geológicas de grandes riquezas, y extrañas energías telúricas.

521414_289710291131317_143842530_n

El monte Miral es un volcán extinguido. En la ladera sur, se encuentra una cueva cárstica preñada de galerías y huellas paleontológicas del Pleistoceno que fue largamente explotada como mina de manganeso.

Con todos estos ingredientes no es de extrañar que, según coinciden las leyendas –entre ellas, la recogida por el autor Francisco Henares Díaz–, el hijo del rey de Francia Roldán y sobrino de Carlomagno, habiendo partido de peregrinación a Compostela y llegando al Monte Miral por vicisitudes del viaje, decidiera quedarse allí como ermitaño hasta el día de su muerte.

Tanto fue así, que su familia tuvo que ir hasta allí para verlo y convencerse de la decisión del ermitaño. No sabemos qué revelación espiritual tuvo aquel muchacho, conocido como San Ginés, pero sí sabemos que fue lo suficientemente contundente como para hacerle renunciar al trono francés en pos de un trono espiritual.

598626_289710061131340_2095814668_n

Fray Melchor de Huélamo ya mencionaba las minas, al tiempo que las fuentes nos informan, asimismo, de la existencia de nueve ermitas dedicadas a San Pablo, San Hilarión, San Antonio Abad, la penitente Magdalena, San Gerónico, el Niño Bautista, San Ginés de la Jara y San Francisco. Los primeros testimonios de torturas, inquisiciones y sucesos insólitos José Sánchez Conesa hizo una investigación alrededor de las leyendas sobre la Inquisición del campo de Cartagena, fruto de la cual redactaría un artículo en el que se recogían testimonios interesantes.

526018_289710501131296_1907660611_n

Así, los antiguos habitantes de los alrededores del Monasterio de San Ginés de la Jara, que trabajaban en la explotación agrícola de la finca, relataron que los hombres de la Santa Inquisición acudían de casa en casa para apresar a muchachas que eran sistemáticamente violadas y posteriormente emparedadas vivas en la Iglesia.

528248_289710517797961_2146304277_n

Entre los informantes de Sánchez Conesa, se encuentran los que confirman que había una galería que unía el sótano de la iglesia con el pueblo de El Algar, y aseguraron que vieron con sus propios ojos cómo un día sacaron de allí hasta cuatro remolques de restos humanos.

Los testimonios coincidían en que los aparatos de tortura eran todavía visibles hace unos cuarenta y cinco años en una habitación que después fue tapiada. Entre los artefactos se hallaban una guillotina, una prensa, una horca y la máquina de tortura del gota a gota. Por otro lado, son comunes las historias de sucesos insólitos recogidas por José Sánchez Conesa. Una de las más conocidas tiene como protagonista al Tío Miguel, peón caminero que vivía en una de las casetas existentes frente al Monasterio. Cierta noche escuchó extraños ruidos de cadenas.

576442_289710087798004_88430032_n

Preguntó al vacío quién había allí y qué quería. La voz le respondió que lo siguiera. Así hizo el Tío Miguel, hasta que el cansancio le hizo dar la vuelta y la voz dijo: “Me has condenado a unos cuantos años más. Así se te corten los hilos de la vida”. A los dos días murió. Para los moradores, el lugar estaba maldito. Se escuchaban pasos en el huerto en mitad de la noche. El ruido era comparable al que hacía un almirez, cuando allí no había ninguno… Además, sillas y platos moviéndose y niños que enfermaban del “mal de la tierra”. Los perros se retorcían, dando vueltas como borrachos; los caballos se volvían locos; las gallinas ponían huevos sin cascarón.

12607_289710534464626_1440348961_n

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s